Sí, el presente. Por: Julieta Otero

Julieta Otero – Entrevista periodística: Gráfica – Comunicación Social, FSOC, UBA

1940. La Segunda Guerra Mundial recién empezaba. En Argentina, esa década era no tan terrible, pero sí infame. En la ciudad de Río Cuarto, en la provincia de Córdoba, un 17 de mayo nacía el que hoy reconocemos como el pionero más longevo de nuestro rock argentino. “Yo digo que no es ‵rock nacional′ porque me parece que cada país tiene su rock nacional, lo nuestro es rock argentino”. Como usted diga, maestro.


 

Willy en el Teatro Coliseo el  pasado 24 de junio para conmemorar el aniversario n°52 del ciclo de recitales Beat Baires del año 1969. Foto: Erico Fantoni

Willy Quiroga tiene 81 años, 63 activo en la música y una agenda explotada entre conciertos, entrevistas, grabaciones, streamings de todo tipo y lo que más le importa: no dejar de lado sus cuatro horas diarias de práctica musical, ya sea en bajo o piano.    


    A través de un encuentro virtual vía Zoom ─plataforma que no me cuesta admitir que él maneja mejor que esta mujer que escribe─ afirma que él se da muy bien con la tecnología porque durante casi treinta años cumplió el doble rol de músico y manager de Vox Dei. “El día que me quedé sin manager fue el mejor día de mi vida, pero me vi obligado a estar si o sí conectado”.

También cuenta que el teléfono le es muy útil ya que puede en cualquier momento retener fácilmente una melodía o una frase para una canción con el “grabadorcito”.  Acerca de sus horas diarias de práctica musical, no le gusta diferenciar por su preferencia entre melodía y letra: “Yo pienso que van de la mano las dos, como el tema de Pappo.

Con la música estás expresando lo que está en tu corazón y con la letra lo que está en tu mente, y van juntos. No necesariamente vienen juntos. A veces tenés una melodía que se repite constantemente… por ejemplo hay un tema que Susana, mi señora, me escuchó tocarlo por un año y medio en el piano y me decía que tenía que terminarlo, que esa melodía era hermosa. Le dije, ′dame un papel′ y ahí lo escribí. Ese tema se llama Esta Canción”. Eso le da pie para contar la anécdota de cómo se escribió el tema que le da nombre al tercer elepé de Vox Dei, Jeremías Pies de Plomo, de 1972: “Con Jeremías tenía toda la base de rock and roll y pasaba Ricardo (Soulé) y me miraba, me miraba… y al final un día me dice:    
─¿Tenés algo para eso?    
─No.
─¿Y querés que le ponga algo?   
─Y ponele.   
    Y se apareció con ‵El cemento se hunde a su paso, y el silencio vuela en pedazos′. Después me explicó, porque él seguía enganchado con la historia de la biblia y todo eso, que es uno de los profetas, que estaba muy junto a su pueblo y luchaba defendiéndolo, y terminó muy mal… pero bueno, pasan ese tipo de cosas, no siempre a uno se le ocurre lo que tiene que escribir.” Difícil no hundirse al paso de las historias de Willy.   


    A lo largo de tantos años activo sin prácticamente interrupciones, Willy ha sabido alimentar una leyenda de la cual reniega un poco. “Si uno toma subirse al escenario como un trabajo, mejor que haga otra cosa. Viste que hay gente que dice que cuando sube al escenario es una persona diferente, no sé cómo es eso… en el caso mío, la verdad que no, yo me siento el mismo. Hay artistas que dejan de ser persona y no quieren que le saquen fotos, que le pidan firmas, ni que los miren a los ojos… sé que eso sucede. Yo no, y adoro eso, que la gente me diga cosas, charlo con ellos. En esta época de pandemia no tanto, porque me tengo que cuidar, pero generalmente, he aceptado todo eso. Dejaba que las personas entraran al camarín, a veces me sentaba en la mesa con alguno, pero lo que pasa es que yo me crié en el barrio. Soy una persona de barrio. No soy un artista que le guste la palabra artista. Yo más que artista me siento músico: yo soy un músico”. No caben dudas de que no posee ningún esbozo de divo; es amable, de buenos modales y humilde, pero tampoco es un tipo de barrio cualquiera: tiene una manera de expresarse que dan ganas de escuchar por horas, con un lenguaje y ciertos modismos que quedaron fuera de órbita desde ya hace bastante tiempo. La negación de su condición de artista se ve repreguntada por mis ojos de incredulidad cuando me comenta que está pensando en sumar algunos dibujos, junto con toneladas de letras de canciones a un libro que le están armando con su biografía “de él como persona, no como músico, porque de eso ya se escribió mucho”. Aclara que su veta de dibujante no es reciente, “El dibujo del ‵hombre árbol′, como lo llama la gente, que aparece en la contratapa de La Biblia, es un ser humano aparentemente sin sexo, que trata de arrancar las raíces que son las cosas que nos mantienen acá en la tierra: los pecados, la gula, la envidia, todo lo malo de la gente, para elevarse a un plano superior. Fui tan loco… lo hice con tanta devoción por la obra que estábamos haciendo que me pareció un atrevimiento.”   
    En el intento de preguntarle si existe algún tipo de comparación entre lo que implicó el rock argentino en los sesenta para la juventud y los nuevos géneros de hoy, denota cierta nostalgia: “El mundo va cambiando día a día aunque uno no esté conforme, o no lo quiera. Aquel rock, aquella época, no se vuelve a repetir. La intención, la música y las letras eran otro tipo de cosa que hoy en día, es completamente diferente con el trap, el rap, la bachata y todo eso… Yo no comulgo mucho porque no las entiendo. En un momento, Charly García hizo un comentario como que se ha dejado la música de lado, y se ha llegado a hacer todo muy rítmico, para mover el cuerpo nada más, se ha dejado de lado la parte artística, la parte poética de la música. Y por eso digo, uno sabe que el mundo está cambiando, y no puede hacer que deje de cambiar”.   

¿Y creés que hoy en día podría haber un revival del rock?

Yo creo que el rock nunca dejó de existir, lo que pasa es que… todo pasa por una parte comercial. La cumbia ganó mucho protagonismo, hace unos años, cuando se empezó a poner difícil en la parte económica.  Recuerdo que Juan Alberto Badía que tenía unos programas impresionantes. La verdad es un amigo que yo… lo extraño muchísimo y hacía cosas de muy buena calidad, y después había otros programas de rock en los canales, pero eso implicaba mayor gasto. El canal tenía que poner un súper sonido a disposición de los músicos y tiempo, porque los músicos querían probarlo, no querían hacer el disquito que suene, tenías que hacer dos o tres horas antes, y un par de horas después para desarmar todo e irse, entonces aparece la cumbia, donde hacen el playback y hacen entrar a la gente diez minutos antes, llenan el lugar. Pareciera como que dejó de tener protagonismo, pero sigue teniendo protagonismo el rock and roll. Hay muchos lugares donde se hacen cosas. 

En todas las entrevistas decís que nunca pensaste que te ibas a dedicar a la música, ¿pero hubo en un momento, un click en el que te diste cuenta, o fue algo más progresivo?

Foto: Gabriela de Resistiendo el Acero.

Después del primer álbum (Caliente, 1970) ahí nos dimos cuenta. Yo me di cuenta de que habíamos dado en el clavo. Porque nos sentimos inmersos en el movimiento del rock argentino. Cuando fuimos al recital ese de las tres grandes bandas argentinas (en referencia al ciclo de recitales B.A. Rock de 1970) y el locutor al ver la reacción del público dijo que ahora eran cuatro porque se acababa de agregar Vox Dei, en ese momento hacía un mes que habíamos sacado el álbum. 

Pasó todo muy rápido…

Sí, pero nos costó mucho llegar a sacar ese álbum. A mí me costó diez años por ejemplo. Yo cuando llegué a Vox Dei tenía 27 años, era mucho más grande que los otros, ya tenía experiencia, y el hecho de conseguir ese álbum fue llegar a conseguir lo que estuve buscando por tanto tiempo. Mientras vas creciendo, uno va pensando qué vas a hacer de tu vida. Porque es toda una incógnita, es todo un signo de pregunta gigante que tenés en la cabeza arriba, y de pronto me encontré siendo parte de eso. Ahí en ese momento dije que iba a seguir siendo músico toda mi vida.   

Y eso el público también lo reconoce.

Hoy en día, las cosas que la gente me dice… “maestro, genio”. Hay algunos que me dicen “mi rey” (se ríe), lo dicen con honestidad y con sentimiento, aunque yo creo que es demasiado, que es un poco exagerado, porque como les digo, soy solo un hombre que encontró el camino de la música para expresarse, y punto. 

Pero también vos como fanático, que has comentado en varias oportunidades de tu admiración por músicos como Jaco Pastorius, Paul McCartney, B.B. King, podés comprender el fanatismo de la gente. 

Sí… a B.B. King tuve la suerte de llevarlo en mi coche y cenar con él. En un momento dado, me contó que la madre le dijo que fuera bueno con la gente, que la gente iba a ser buena contigo. Entonces, me di cuenta de que yo por ahí estoy en el mismo camino, porque yo respeto a la gente y la gente me respeta. Si uno es altanero, y engreído… Hay una ley física que dice que a toda acción hay una reacción de la misma intensidad, pero en las relaciones humanas es un poco más diferente. Si uno es engreído, esa acción recibe algo que es mucho más fuerte, como odio. Lo mío no pasa por ahí”. 

    Es bien sabido en el ambiente y fácil de reconocer la cercanía de Willy con su público, que para él es sagrado: “La gente va a verte porque se quiere divertir, quiere pasar una buena noche, ellos se merecen todo el respeto del mundo. También la música nuestra siempre fue muy respetuosa. O sea, el músico lleva la gente que es afín a lo que canta, o dice, o muestra. Por ejemplo, a Pappo un día le dije, cuando no lo dejaban tocar más con Riff porque la gente hacía lío, ‵Loco, si vos salís golpeando con una cadena el escenario la gente va a hacer lo mismo porque les estás dando el ejemplo”. Me dijo que tenía razón y dejó de hacerlo. En fin, todo va de acuerdo con lo que el músico pregona. Yo amo la gente que viene a ver a Vox Dei”. Vuelve a referirse al público con una nueva mención a B.B. King: “Él me dijo que el público es nuestro patrón y paga nuestro salario, y yo pienso lo mismo. La gente que me quiere y que me ama, yo les agradezco eso, pero encima van al show y pagan una entrada”. Es consciente de que el rock también tiene su parte áspera, incluso con el público. Sin que le pregunte, asevera que Argentina siempre fue muy machista en el rock. “Yo soy muy amigo de Claudita Puyó y me gustaría que estuviera en un lugar más preponderante, ella canta muy bien. Sabemos que no hubo lugar para las chicas, para Celeste Carballo; algunas como Patricia (Sosa) lograron otro nivel, pero yo no estoy conforme con eso; incluso hubiéramos querido ser más acompañados por ellas”.   


    Willy hoy sigue girando como siempre lo hizo. No tenía dudas en retomar la ruta apenas abrieran las restricciones a principios de año. Gira en paralelo, con Willy Quiroga Vox Dei, junto a su hijo Simón en batería y Carlos Gardinelli en Guitarra, así como también acompañado por otros músicos en su propuesta solista. Para él es fundamental seguir adelante: “Salgo a contarle a la gente las cosas que le pasan, las cosas que desearían que fueran de manera determinada, y generalmente lo mío se basa en la esperanza, en el futuro, en ir para adelante, en no dar un paso para atrás ni para tomar carrera”.

Es imparable, no hay dudas. 

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s